On Graduating

by José Antonio Rey

NOTE: Sorry for this post not being in English, I just think I couldn’t express my feelings that well if it wasn’t in Spanish.

Así que, llegó el día. Hoy en la noche dejo de ser escolar para pasar a la universidad (claro, si es que obtengo el tercio superior). Y es que este tipo de momentos es difícil, porque te das cuenta de que cada vez estás un paso más cerca de dejar ese lugar que te alojó por más de 10 años para pasar a un mundo totalmente nuevo: nuevos lugares, nuevas personas, nuevas amistades.

Y es que el sistema de educación en el Perú es un poco distinto. Se te asignan ciertos cursos en cada grado, y durante tu estancia en el colegio compartes con las mismas personas. Es decir, en mi caso he compartido 12 años de mi vida con las mismas ~120 personas. Tu promoción (o, con cariño, Prom, Promo, etc, etc, etc). Sí, siento que mi colegio es un segundo hogar para mí, y que mis compañeros son una segunda familia. Y qué decir de los profesores. Al menos donde yo estudié (no puedo decir estudio porque ya no iré más a clases) les llamas por el primer nombre, y la relación es horizontal. Es decir, todos somos iguales. Además de enseñarte en las clases, te dan una mano con el mundo real. Y aparte, los profesores que no fueron mis profesores, pero que al final fueron mis profesores.

Es un lugar donde descubrí que amo la fotografía, que me encanta debatir en MUNs, que todo es posible si uno se lo propone y nunca se queda a mitad de camino. He tenido proyectos y proyectos, algunos que salieron bien, algunos que no llegaron a concretarse, pero todo esto me enseñó que uno no debe rendirse en la vida.

Volviendo al tema de los amigos. He tenido la oportunidad de convivir con aproximadamente 120 personas (sin contar a las de otros grados) por casi toda mi vida. En el transcurso de estos doce años he podido conocer a gente ASOMBROSA. No puedo negarlo, hay personas con las que me llevo mejor que otras, pero eso no impide que mi promoción sea muy unida. En serio, sobre los amigos no puedo pedir más. Me alegra poder haber conocido a mis amigos de verdad, aquellos que con los dedos de una mano te basta para poder contarlos. Y siempre se dice esto, pero espero que no perdamos el contacto de aquí a unos años, y que nos sigamos viendo.

En mi colegio el tema del nombre de la promoción es un poco distinto. No elegimos una frase en latín, pero elegimos el nombre de un profesor, profesora o sacerdote que nos represente. Y, en este año, qué mejor nombre que Laura Garay. Una persona muy fuerte, siempre luchando por salir adelante a pesar de las contrariedades, siempre con una sonrisa en el rostro. Y creo que nuestra promoción se caracteriza por eso. Nunca nos damos por vencido. Si tenemos un objetivo lo logramos, aunque nos cueste.

El 6 de diciembre fue mi último día de clases. Último examen, último baile, último evento como alumnos, última vez que cantamos el himno de nuestro colegio como alumnos. Seguido de esto, las despedidas. Sí, es difícil empezar a decir adiós a aquellos profesores que te han acompañado durante toda la vida, que te han enseñado cosas para el futuro, que te han dado una mano. Y es difícil empezar a decir adiós a los amigos, sabiendo que los vas a volver a ver luego, pero que dentro de unos días el adiós puede ser definitivo, aunque no lo quieras. Mejor dicho, un hasta luego indefinido con varios, un ‘nos vemos la próxima semana’ con otros, hasta algunos con los cuales te vas a encontrar en la universidad. Y no es fácil de creer, pero el simple hecho de cruzar esa puerta para salir y pensar que no volverás a tener clases en ese mismo lugar cuesta.

El colegio ha sido un lugar por donde he pasado, literalmente, de todo. Felicidad, amargura, tristeza, emoción, nervios, hasta tal punto en el que este preciso momento es una mezcla de emociones. Es inevitable sacar un par de lágrimas al pensar que posiblemente hayan personas que no vuelvas a ver, o que jamás puedas volver a juntarte con todos, pero así es el camino de la vida. Gente va, gente viene. Momentos pasan, y a veces toca dar el siguiente paso para seguir avanzando. Hoy, después de doce años de vivir con estas personas que uno nunca va a poder olvidar, toca graduarse. Recibir el diploma y dar el siguiente paso en la vida. Esperar a que venga lo mejor, apuntar hacia lo mejor. Dejar la cámara un segundo y vivir el momento, que jamás se va a repetir. Pararte al frente y, con una mirada, decir gracias y hasta siempre, Promoción 2013.